Salímos de esa pasada de valle, donde vimos esas preciosas iglesias escavadas en la roca, metidas en el entorno de Ihlara. Me remonto al artículo que publiqué hace unas semanas atrás, donde en este enlace podreis ver:
Pues eso, cojímos el coche de alquiler para volver al hotel a Kaisery. Nos separaba más de 100km y decidímos volver por otro camino, dirección Aksaray. Lo que no sabíamos era que la carretera iba bordeando el valle de Ihlara, desde la carretera no se veía, pero al llegar a este punto...
Nos encontrámos con el final del valle. Justamente allí abajo se encuentra el pueblo de Selime. Divisábamos esta hermosa vista pero lo que no sabíamos en ese momento, era la maravilla que poco despues veríamos, os lo muestro a continuación.
Junto al pueblo, separado por muy pocos metros, se encuentra esta ciudad escavada en esta montaña y en las chimeneas, producidas por la lava volcánica y despues la erosión.
Lo más soprendete fué estas imagenes carente de personas. Un niño de ese pueblo salió a nuestro encuentro. Corrió hacía nosotros, hablaría en turco pero por las señas, todo indicaba que se ofrecía a enseñarnos aquel lugar. Aquí le teneis:
A Lucía le cojía de la mano, indicando la dirección de la visita. Haciendo continuamente señas, nos llevaba de un lado para otro.
Aparte de lo bonito que era todo aquello que nos rodeaba, recuerdo la ilusión que tenía el niño por enseñarnos aquel sopredente lugar.
Esta rampa subía a la parte superior de la ciudad, con esa forma de U por culpa de la erosión del agua, ya os he comentado que esa roca volcánica es bastante blanda, hacía unas formas redondeadas bastante bonitas.
Ese niño era un solete, como todos los turcos que nos encontrámos a nuestro paso en este viaje. Fijaros como coje de la mano a Lucy, ayudándola para que no se resbalara, por culpa de la gravilla.
LLegámos de nuevo al pueblo. A unos quinientos metros siguiendo la montaña hacía el lado derecho de la primera foto de este post, se observaban unos cucuruchos que quería ver. Le dimos al niño una moneda de 2 liras y se volvió loco de contento. Se fué enseñando la moneda a la poca gente que se encontraba en la calle, como si le hubiesen entregado un tesoro.
Cojímos el coche para llegar lo antes posible a esas chimeneas cónicas, el sol se iba ocultando y pronto caería la noche.
El acceso hasta este lugar era un poco dificil. Dejé a Lucy en el coche, ella no quiso venírse, el camino estaba muy erosionado por el agua de la lluvia. Abandoné ese camino a los pocos metros de iniciarlo y me metí por un prado. Consiguiendo la foto que habeis visto aquí arriba.
Fuí sorteando los conos, no sabía donde apuntar con mi cámara, la vista que tenía en ese momento, me gustaba más que la anterior.
Estas formaciones rocosas son mucho más pequeñas que las anteriores que hemos ido viendo. Por lo tanto las viviendas tambien y más inacesibles.
¿Podría ser que estos orificios que vi en el suelo y que os presento en la siguiente foto, fuera el inicio de todas las construcciones que había a mi alrededor? Si os fijais bien, hay bastantes minitúneles creados por algún animalito de ese lugar. Y como estos, había muchos más alrededor.
Seguía sin aparecer nadie por allí. Tenía la sensación de ser la única persona del mundo en este laberinto de conos.
Preciosas entradas a Iglesias, rodeadas de más y más belleza.
Esa soledad, provocó que me lo pensara más de dos veces para subir hasta la entrada que se encontraba ahí arriba. Subir sería más o menos fácil, ¿pero bajar? !Coño¡ Tenía miedo de caerme, de romperme algún hueso o hacerme algo, por hacer el cabra. ¿Como podría pedir ayuda en tan semejante lugar? Precisamente por eso, no hice ninguna foto en el interior de esas antiguas viviendas.
Seguramente hace unos cuantos cientos de años, este interior se encontraba tapado por unos miles de kilos de piedra. Hoy en día se quedó a la intemperie, como siempre por culpa de la erosión tan abrasiva que sufre este precioso lugar. Al fondo podeis ver Selime.
Preciosas imagenes iba dejando atrás. Ya tenía que volver, el Sol hacía un rato que se ocultó.
Está fué la última foto que hice al abandonar esta ciudad. Fuí bajando este arroyo seco y justamente llegue hasta donde me esperaba Lucynmetida en el coche. Intenté explicarle todo aquello que había visto, pero fué bastante dificil al explosionar en mi mente, todas estas imagenes que os he enseñado, más aquellas que no he publicado. Más tarde, gracias a la pantalla de la cámara, se pudo hacer una idea de todo lo que había explicado.
En definitiva, uno de los lugares más soprendetes a los que he visitado.
O valle de Ihlara. En la parte suroeste de la región turca de Capadocia. Entre las localidades de Çiflik y Selime. En realidad es un parque-museo al aire libre y los visitantes eran turitas locales. La mayoría de las visitas que hicimos por esta región, la afluencia de turistas era mínima. Es más, creo que éramos los únicos "giris*" en todo ese valle.
*Giriş significa entrada en turco.
Al sacar la entrada, nos dimos cuenta que era la hora de comer. Entrada 5 liras turcas, unos 2€ con algo. A unos pocos metros de la puerta del Parque, había un restaurante. Donde allí comimos con este precioso fondo.
Me acuerdo que pedí para comer un plato de carne. Pero es que esa carne era para perezosos, la trajeron partida en minuculos trozos. Despues de la comida, entrada al Parque.
Bajando una interminable escalera, aparece este cartel indicando los puntos para visitar.
Creo recordar que dentro había unas diez iglesias, todas ellas excavadas en la roca. Pero unas cuantas estaban cerradas al público.
Los monjes bizantinos del siglo XI, son los responsables de estas preciosas iglesias, todas ellas decoradas con pinturas de colores vivos.
Montones de cavidades había en el interior de todas ellas como podeis ver en la siguientes fotos.
Sólo había un puente para cruzar el río que divide Ihlara.
Al otro lado del río, en la puerta de una iglesia.
De nuevo cruzamos el río para irnos a la primera ribera, donde hay mayor concentración de excavaciones para visitar.
Iglesia de Sümbüllü.
En este párrafo os voy a contar lo único que no me gustó del viaje, sin contar al retraso de seis horas que sufrimos en el trayecto entre Ankara y Kayseri, por lo visto debido a las obras. Me indigné (palabra muy de moda, desde hace unos meses, por aqui) mucho al ver en las paredes de esta Iglesia, un montón de nombres, tapando los dibujos milenarios sin que allí hubiese una persona que estuviera pendiente de dicha obra de arte. Sí os fijais en la foto, en la parte superior de la foto se ven perfectamente. Detrás de Lucy, según se entra a la derecha, apenas se ven ya los dibujos realizados por los monjes. Está tan masificada la pared, que me dió hasta pena fotografiarla. Casi todos los rostros de los Santos, están tachados. Me gustaría creer que fué hace cientos de años, algún islamista encontró esta Iglesia y al ser tan hóstil para otras religiones, decidió destruir los retratos de esas figuras.
Y con esta foto, pongo final a este post.
Uno de los momentos donde más me emocioné, pasaría pocos minutos de abandonar Ihlara dirección Nevsehir y será el próximo post que os muestre.
Gracias a los cocteleros Gabriela y Charlitox por animarme a mostraros este viaje y a Alicia que me lo pidió por el Facebook.
Muchos de vosotros, sabrá a que me refiero con eso de "tierras manriqueñas". Pue sí, me refiero a Lanzarote.
Ante todo, Feliz Año. He tenido mi blog un tanto abandonadito, la falta de ese ratito solo, para ir editando las fotos, hacer el video y tener un ratito para postear, ha hecho que haya tardado tanto.
Pues bien, el año terminó con un viaje. No es que fuera en Navidades, pero si a primeros de diciembre. Estuvímos seis días, los días más que suficiente para recorrer esta pequeña isla del Átlantico.Cuando uno ya ha recorrido la isla, es consciente de toda la riqueza que hay en esa isla y todo gracias a César Manrique, por eso titúlo el post así.
Una isla para perderse viendo la gran cantidad de paisajes desde cualquier punto de ella. Disfrutando sobre todo de ese envidiable mar que tienen por esas islas.
Dimos una vuelta por el bonito pueblo de Teguise, ya que nos recomendaron que pasáramos el domingo por la mañana, para visitar su famoso mercadillo. Tambien nos dió tiempo a recorrer sus calles por la noche.
Lo poco que visitamos de Arrecife la capital, fué su playa.
Y con esta foto, de la belleza que hay en sus paisajes interiores, os dejo con el video de fotos que teneis a continuación. Subir el volumen y difruten....
Hoy me acordé, mañana hará un año que partí hacía Cuba. Precisamente por eso me acordé que no terminé mis post sobre éste lindo país. Ahora que tengo un ratito, tengo ganas de recordar lo que por allí estuve viendo y mostraroslo.
Es cierto, precisamente al no ser una ciudad muy grande, fué la que más profunadamente conocí.
Me desperté y pedí que me prepararan el desayuno. Mientras esperaba, me daba los buenos días la mascota de la casa, sobre todo para que la diese algo. Fijaros lo que hacía para caer bien a todos los huespedes que se alojaban en la casa.
La mujer de la izquierda, Gloria es la dueña de la casa junto a la otra la chica que tenía para echarla una mano, fueron las que me prepararon el desayuno tan amablemente.
Despues de la despedida, cogí mi mochila y paré una bici-taxi.
Mi intención era que me llevara a la estación de Hershey. Al otro lado de la ciudad.
Mientras atravesabamos la ciudad por calles secundarias, a ese tipo de transporte no les dejaban coger turistas, vimos como enmedio de la calle, terminaban los preparativos de una matanza de un cerdo. En la cacerola hervían la sangre del animal.
Volví a cruzar los inumerables puentes de la ciudad. Al fondo podeis ver la iglesía de San Carlos, la misma que os enseñé unos post atrás.
Me dejó muy cerca de la estación, para evitar que le viese la policía. Allí vi la ventana de esta curiosa farmacia.
Por fín llegué a mi destino.
Esa línea de tren que une Matanzas con La Habana, se construyó en 1917 para transportar a los trabajadores de una fábrica de chocolates. Me comentaron que era un precioso viaje, el tren no era muy veloz por lo tanto se podía divisar los distintos paisajes con bastante tranquilidad.
Que raro, el tren no estaba justamente en la estación. Fuí a preguntar. ¡No podía ser! Ya me lo advirtieron, el tren se estropeaba muy habitualmente. Menos mal, tenía plan B y sabía a la hora que partía la guagua hacía La Habana.
Hice el camino de vuelta paseando. Volviendo a cruzar los puentes de la ciudad de nuevo.
Viendo de nuevo, puestecillos en la calle de comida.
Incluso me dió tiempo a ver tranquilamente el museo de bomberos, con sus peculiares coches antiguos para apagar los fuegos que soportó Matanzas.
La única entrada que pagué, fué preguntar si podía pasar. Los bomberos que se encontraban en la puerta, muy amablemente insistieron en que pasara.
Como un loco me puse apretando el disparador de la cámara.
Camiones y coches de todas épocas.
Justamente enmedio de la nave, estaba el equipo expuesto.
Por último este camión con un color un tanto raro.
Nada más salir, vi este BMW 600 pasar por la puerta del cuartel de bomberos, era un Isetta.
Como muchos de vosotros hará muchísimo tiempo que no ve uno igual, os dejo una breve descripción del vehículo:
El Isetta fue un microcoche producido inicialmente por Iso y más tarde bajo licencia por otros constructores de automóviles. El Isetta fue uno de los microcoches más exitosos producidos en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial; una época en la que se necesitaba un transporte económico y de corta distancia. Aunque el diseño es italiano, se construyó en países como España, Bélgica, Francia, Brasil, Alemania o el Reino Unido. debido a su peculiar forma de huevo y sus ventanas de burbuja, adquirió el apodo del coche-pompa. En otros países fue: "Das rollende Ei" (Huevo con ruedas) ó "Sargwagen" (Tumba sobre ruedas) en Alemania; "yogurt pot" (Tarro de yogur) en Francia; "Bola de futebol de fenemê" (Pelota de fútbol de camión) en Brasil; y en Chile todavía es conocido como el huevito, En Argentina se lo conoce como "Bragueta" (el cierre delantero de los pantalones de hombres por ingresar por el frente).
Por fín llegué a la estación central de buses. Lugar que aparece en la película Guantanamera, tremendamente divertida, por cierto.
Y tomándo este apetitoso jugo de coco me despido de vosotros, la foto esta hecha entre medias de las dos ciudades. Paradas que suelen hacer tambien por allí los autocares.
¿Para cuando el último post de Cuba? Ahhhh, ya veremos....
Salimos del hotel Tarik en Tánger, cogimos un taxi hasta la estación de buses para ir a Tétouan. Hay una distancia de unos 50km. siendo el precio del billete de 1,50€ aproximadamente. Lo que no me olvidaré, es de aquel hombre de unos treinta y tantos años, el cual se tiró más de medio trayecto escuchando en su móvil a toda pastilla, rezos en árabe. Me tenía loco, casi me da algo.
Buscámos alojamiento y encontrámos una habitación con baño, con tres camas, una de ellas de matrimonio por sólo 15€. Bastante limpia, que era nuestros dos requisitos. Una vez dejamos todo, salímos a dar una vuelta por esta preciosa ciudad.
Aquí podeis ver parte de la plaza de Hasam II, toda ella llena de banderas.
Una vez en la plaza, nos metimos en ese enjabre de calles que pertenecen a la Medina, o ciudad antigua. Al pasear por allí podiamos ver puertas tan alucinantes como ésta.
Dicha Medina, fué declarada Patrimonio de la Humanidad. Impresiona la belleza de las callejuelas, ¿verdad?
Podíamos ver, cómo el centro antiguo de la ciudad, seguía a bajo rendimiento por culpa del Ramadán. Muy pocos comercios estaban abiertos.
Nos encontramos a nuestro paso a Said, un hombre que trabajaba de camarero en Málaga y que andaba por su tierra de vacaciones, el cual nos llevó a uno de los pocos restaurantes que se encontraban abiertos por el día. Aquí me podeis ver, esperando hambriento la llegada de lo que pedimos.
Una vez terminada una copiosa comida típica de allí, Said nos siguió enseñando las callejuelas de allí y en esta foto podeis ver como estos niños, empiezan a hacer sus primeros pinitos en los negocios, vendiendo botellas de agua reutilazadas.
Abuelillas viendo pasar el tiempo.
Calles tan estrechas, que muy poca luz llegaban hasta ellas.
Los pocos negocios que estaban abiertos, empezaban a cerrar.
Edificios que pedían a gritos una remodelación. Ahí teneis a nuestro guía.
Aquí teneis una foto, del interior de una mezquita, una de las pocas que hice. No me atreví a hacer muchas porque desconocía sí se podía, pero Said me dijo que no había problemas sí la hacía desde el exterior.
Luego nos llevó a una tienda de alfombras, donde nos invitaron a subir a la azotea. Desde allí se veían estas vistas.
En ese momento ya estaba ocultandose el sol, nos sirvió para que el vendedor de alfombras no se pusiera muy pesado. Ya que le interesaba más cerrar la tienda e irse a comer, que estar regateando para que no le compráramos nada. Aqui podeis ver al hombre de este puesto, ya cenando.
Alguna calle se encontraba con galardones de fiesta.
Tambien la gente de los mercadillos del exterior de la Medina, hacían su parentesis para cenar.
En ese mismo mercadillo, se podían ver los distintos modelos de velos con estos particulares maniquies.
Uno de los puestos me llamó enormemente la atención. Ésta es la foto de dicho descubrimiento en ese mercadillo. Era un puesto, de cochecillos para niños de segunda mano, algo que nunca había visto, en el famoso Rastro de Madrid, el cual siempre se ha enorgullecido porque se vende de todo.
Seguimos dando un paseo, por los lugares menos turisticos de la ciudad.
Y por los lugares más bellos.
Incluso vimos ésta peluquería de hombres abierta, esperando la llegada de algún cliente. Y con ésta foto pongo punto y seguido a éste viaje por tierras marroquíes.
Cincuenta y pocos euros separan Madrid de Tánger con Ryanair. La verdad que el vuelo, no tuvo ningún contratiempo, es más, llegamos antes de la hora y nos pusieron esa musiquita alegre, típica de esta compañía, nada más tocar suelo marroquí. Lo malo del aeropuerto, que está a las afueras de la ciudad y el único medio de transporte es el taxi. Los precios eran ya cerrados, sin posibilidad de hacer rebaja alguna, pero bueno por sólo 150 dirhams, unos 15€, te deja en la misma puerta del hotel. Un recorrido de una media hora, atravesando toda la ciudad. Paseo que vino muy bien, para tener un primer acercamiento de la ciudad. Llegamos al hotel y lo primero que hicimos nada más llegar, fué salir a la terraza y encontrarnos en primera linea con el mar, cómo sí estuvieramos acomodados en el palco de un enorme teatro. Pero lo que más nos llamó la atención y por lo tanto, fué la primera foto que hacía en suelo marroquí, era ésta.
Una mujer completamente vestida dándose un baño. Imagen que se aleja y mucho de nuestras playas.
El Hotel Tarik se ajustaba mucho a nuestro presupuesto, limpio, confortable, con piscina, salida trasera a la playa, para los más chuzos con bar con todo tipo de licores y lo mejor son las vistas que desde allí se pueden observar.
Al fondo podeis ver el centro de la ciudad.
Todo ello por 31€ la noche con el desayuno incluido.
Tomamos un pequeño taxi hasta el centro, 2€ por el trayecto. El taxista nos advirtió que al ser época de Ramadán, en cuanto se pondría el sol no habría taxis de vuelta, ya que todos estarían con sus familias en sus casas para comer. Tambien nos advirtió de los carteristas que por la Medina acechaban los bolsillos de los turistas, pero la verdad que teniendo un poco de cuidado, cómo el que transita por el centro de Madrid, no tuvimos ningún problema.
Una de las puertas de entrada a la Medina.
Casi en la misma puerta, me encontré con esta preciosa plaza.
Nos fuimos adentrando en ese laberinto de calles, donde nos econtrámos puertas tan curiosas cómo ésta.
Alejados de la curiosidad del turista por conocer datos y fechas históricas, nos limitamos a ir contemplando e ir observando todo lo que íbamos encontrando, cómo si estuvieramos dentro de un gran escaparate. Aquí teneis una tienda típica del país, donde venden lo más común y exótico.
Gentes que iban de un lado para otro. Mujeres tapadas, dependientes que te invitaban a pasar a sus tiendas, todo un mundo para mi acompañante que era la primera vez que íba.
Vímos cómo algún turista se mezclaba con los lugareños al tomar alguna instantanea. Durante esa tarde pude observar cómo muchos de estos extranjeros, se quedaban en las inmediaciones de los complejos hoteleros y muy pocos visitaban el centro de Tánger.
Muy pocos éramos aquellos que llevábamos cámara en mano. Aquí podeis ver, a mi guapa acompañante, en la Plaza del 9 de Abril.
A mi espalda en esta misma plaza, se encuentra esa preciosa mezquita con su minarete.
Antiguas cafeterías nos encontrámos, mientras la gente esperaba a que llegara la hora de que se ocultara el sol.
Alguno también se entretenía viendo el bullicio de la gente por las calles.
Otra puerta de acceso a la Medina.
Ingeniosos medios de trasporte pude encontrarme por allí.
Tambien antiguos colegios, donde seguro que algún español cursó sus estudios en él.
Saliendo por la puerta norte de la Medina, se puede ver la entrada a dicho puerto.
Fuímos andando por el paseo marítimo y se notaba el ambiente festivo, pero aún era pronto.
Nos entró hambre, sólo de pensar que la gente estaría a punto de ponerse las botas y porque apenas comímos antes de coger el avión. Nos metímos en el restaurante Ali-babá en el mismo paseo, restaurante que nos recomendó el taxista y al final de la cena nos tomamos, este delicioso té.
Volvimos andando hasta el hotel por dicho paseo que podeis ver en la foto, con la luna llena en el horizonte.
Seguimos andando por la playa, refrescando nuestros pies con el agua fría del mar y ahí me hicieron esta foto.
Y con la última foto me despido de momento. Muy cerca del hotel, se encontraba esta pista de skate para los más jovencillos. Una ciudad muy cercana a nuetro occidente tan cotidiano.
No es con ánimo de ofender a esta ciudad, que quede claro. Hace unos diez años estuve por allí. Me lleve una sensación bastante buena de Albacete, ya que salí de fiestecilla y me lo pasé cómo nunca.
Mi madre, el jueves a las 10.00 de la mañana cogía un Alaris (el Talgo de toda la vida) en Atocha para ir a Murcia, donde le esperaba mis tíos. Llegué a las 9.30 a la estación y no la veía. La llamé por telefono y aún iba en el autobus. Fuí a paso ligero hasta la parada para echarla una mano con la maleta. Aunque la vi el día anterior le di un beso. Cogí la maleta, le pregunté que llevaba y me dijo que lo suficiente para pasar casi quince días en la playa. ¡Madre mía cómo pesaba! Para llegar hasta el andén, pasé por un control de Renfe y le pedí al chaval que allí estaba, que quería llegar al tren, para echarle una mano con la maleta. Me dijo que no había ningún problema. Estuvimos esperando unos minutos y allí apareció su tren. Abrieron las puertas y unas cuantas personas, al igual que nosotros se apresuraban para entrar con sus voluminosas maletas. Nos metímos y enseguida encontramos el asiento que ocuparía mi madre hasta llegar a su destino. Mientras pasaba la gente por ese estrecho pasillo, pude conseguir un espacio pequeño, para levantar la maleta y colocarla en el portaequipajes. Cuando bajé la vista y me fijo en el exterior del coche número siete, me doy cuenta que el andén se movía. No, no podía ser, sería esa sensación que le da a uno, cuando el tren de enfrente se mueve y da la sensación, que en el que vas, se está moviendo, pero no, al mirar al suelo del andén, me doy cuenta que estaba empezando a andar y yo dentro. Le digo a mi madre, que el tren se movía. Me dirijo a la salida y de repente, veo a otro chaval con una camisa de cuadritos al que le digo, que me tengo que bajar, sólo había subido a echarla a mi madre una mano y me dice que es imposible salir del tren, la puerta estaba ya cerrada. ¡Joder, no me lo podía creer! Tenía esa sensación, cuando uno termina de despertarse de un sueño y piensas, que aquello, no me estaba pasando a mi. El muchacho de la camisa me dice que tengo que a hablar con el interventor. Mi madre sentada, al lado de la ventanillita, le digo que no se preocupe, que tengo que buscar al interventor. Me dirijo al bar, espero un par de minutos y allí estaba con su traje azul marino. Me esperaba un hombre seriote, de esos incrédulos, que tiene pocas ganas de escuchar los problemas de la gente. Pero no fué así, menos mal. Le comenté lo que me pasó y me volvió a repetir lo que me dijo el segundo chaval de camisa de cuadritos, que no se podía acceder al tren sin billete. Le comenté que desconocía esa norma, ya que nunca suelo viajar en tren. El hombre me explicó que llamaría a su responsable, para preguntarle sí había alguna posibilidad de parar el tren en la siguiente estación para que me bajara. Antes de hacer la llamada añadió que la normativa era, que me bajaría en la siguiente parada del tren. Nada más y nada menos que hasta Albacete. Terminó la consulta y me dijo que su superior haría lo posible, pero que no me daba mucha espectativas. El hombre muy amable, sería para tranquilizarme, me comentó que hacía unos días, les pasó algo muy parecido a un matrimonio que estaba de visita por Madrid y que confundieron ese mismo tren con uno de Cercanias, para bajarse en La Puerta del Sol y al final tambien llegaron a Albacete. El problema de aquella pareja que me contaba el hombre del uniforme azul, era que cuando llegarían a ese destino inesperado, ellos tenía que estar en Barajas para subir al avión que les llevaba a su ciudad.
El interventor me pidió que me fuera con mi madre. Sí recibía alguna noticia iba donde estaba y me lo comunicaba. Perplejo y sin creer lo que me estaba pasando, fuí para allá y le dije ya de cachondeo a mi madre, que la siguiente parada era en la ciudad manchega y mi madre no pudo más y se empezó a reir.
Dos horas de trayecto separa Madrid de Albacete. Mientras llegaba, iba mandando mensajes con el móvil para contar mi secuestro legal que estaba sufriendo. La graciosilla de mi hermana, en el mensaje que me contestó ponía eso, Albacete caga y vete. Por los altavoces del tren dijeron que nos estabamos acercando a mi destino. Le di un beso a mi madre y la pobre me dió una aguja de pisto que se compró para medía mañana. Pero que buena y maja es... y me despedí de ella hasta el día de mi cumpleaños.
Cuarenta y cinco minutos despues de llegar a Albacete, salía el otro tren que me llevaría a mi Madrid.
Tengo que agradecer a todo el personal de Renfe, los cual me trataron muy humanamente y sobre todo, porque no me pidieron que pagase ningún billete ni sanción por mi gran despiste.
Llegué a Madrid a la 15.30, con media hora de retraso y con la sensación de haber perdido toda una mañana, que tenía super ocupada. Mientras hice unas fotos con el movil, que son las que veis en todo el contenido de éste post.
Ya sabeis, cuando subais al tren, no espereis un pitidito, notificando la salida del tren.
Con las manos vacías no volví, ya que una azafata muy amable me regaló estos auriculares.
Otra cosa es, que me guste compartir las cosas que me rodean y deje pasar a la gente. No me parece justo, que me apropie de ella, por el simple hecho de que ponga mi nombre.
Por supuesto que no es un fotomontaje.
Este último finde no, el anterior me fuí a Valencia y en las playas de el Saler, me encontré con éste cartel, donde indicaba la dirección de ésta playa. Cómo es lógico, al ir buscando una playa, fuímos a esta. Obvio, ¿no?.
Al sur de la capital valenciana, exactamente a unos 9km. se encuentra esta sucesión de playas vírgenes. Cómo podeis ver, al fondo se ve el puerto, creo que el más importante de la península ibérica.
Me encantó esta playa, muy tranquila, sin agobios, con una cantidad de aparcamientos impresionantes y sobre todo, muy cercana a Valencia. En menos de diez minutos llegamos, incluso el coche lo dejamos bien aparcado en ese tiempo. Algo bastante imposible en el Mediterráneo y un sábado del mes de julio.
Esta parte de la playa, es nudista. Me encanta tomar el sol y bañarme en el mar completamente desnudo, tal cual me trajo mi madre al mundo. Lo que más me chocó, es que en esa parte de la playa hay colegio, por eso se llama así esta playa en valenciano.
Aquí me teneis, completamente desnudo tomando el sol con una amiga que decidió no salir, cómo podeis ver. Muy recomendable estas playas para todos los madrileños, mientras Gallardón nos construye la playa en el Manzanares. Es sin duda, la playa más cercana a Madrid. En esa misma zona no hay muchos recursos hoteleros, pero en la ciudad, podreis encontrar un sin fín de ofertas hoteleras en los alrededores de La Ciudad de las Artes y de las Ciencias de Valencia. Justamente al lado está, empieza la autopista de El Saler.
Mi nombre es Jose, nací y vivo en Madrid desde 1973. Encontrarás fotografias, música, viajes y cositas que me pasarán por la cabeza.
La visita es gratuíta, así que no te cuesta nada dejar un comentario, sugerencia o crítica constructiva...
Gracias coleguis...
________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------