Albacete, caga y vete
No es con ánimo de ofender a esta ciudad, que quede claro. Hace unos diez años estuve por allí. Me lleve una sensación bastante buena de Albacete, ya que salí de fiestecilla y me lo pasé cómo nunca.
Mi madre, el jueves a las 10.00 de la mañana cogía un Alaris (el Talgo de toda la vida) en Atocha para ir a Murcia, donde le esperaba mis tíos. Llegué a las 9.30 a la estación y no la veía. La llamé por telefono y aún iba en el autobus. Fuí a paso ligero hasta la parada para echarla una mano con la maleta. Aunque la vi el día anterior le di un beso. Cogí la maleta, le pregunté que llevaba y me dijo que lo suficiente para pasar casi quince días en la playa. ¡Madre mía cómo pesaba! Para llegar hasta el andén, pasé por un control de Renfe y le pedí al chaval que allí estaba, que quería llegar al tren, para echarle una mano con la maleta. Me dijo que no había ningún problema. Estuvimos esperando unos minutos y allí apareció su tren. Abrieron las puertas y unas cuantas personas, al igual que nosotros se apresuraban para entrar con sus voluminosas maletas. Nos metímos y enseguida encontramos el asiento que ocuparía mi madre hasta llegar a su destino. Mientras pasaba la gente por ese estrecho pasillo, pude conseguir un espacio pequeño, para levantar la maleta y colocarla en el portaequipajes. Cuando bajé la vista y me fijo en el exterior del coche número siete, me doy cuenta que el andén se movía. No, no podía ser, sería esa sensación que le da a uno, cuando el tren de enfrente se mueve y da la sensación, que en el que vas, se está moviendo, pero no, al mirar al suelo del andén, me doy cuenta que estaba empezando a andar y yo dentro. Le digo a mi madre, que el tren se movía. Me dirijo a la salida y de repente, veo a otro chaval con una camisa de cuadritos al que le digo, que me tengo que bajar, sólo había subido a echarla a mi madre una mano y me dice que es imposible salir del tren, la puerta estaba ya cerrada. ¡Joder, no me lo podía creer! Tenía esa sensación, cuando uno termina de despertarse de un sueño y piensas, que aquello, no me estaba pasando a mi. El muchacho de la camisa me dice que tengo que a hablar con el interventor. Mi madre sentada, al lado de la ventanillita, le digo que no se preocupe, que tengo que buscar al interventor. Me dirijo al bar, espero un par de minutos y allí estaba con su traje azul marino. Me esperaba un hombre seriote, de esos incrédulos, que tiene pocas ganas de escuchar los problemas de la gente. Pero no fué así, menos mal. Le comenté lo que me pasó y me volvió a repetir lo que me dijo el segundo chaval de camisa de cuadritos, que no se podía acceder al tren sin billete. Le comenté que desconocía esa norma, ya que nunca suelo viajar en tren. El hombre me explicó que llamaría a su responsable, para preguntarle sí había alguna posibilidad de parar el tren en la siguiente estación para que me bajara. Antes de hacer la llamada añadió que la normativa era, que me bajaría en la siguiente parada del tren. Nada más y nada menos que hasta Albacete. Terminó la consulta y me dijo que su superior haría lo posible, pero que no me daba mucha espectativas. El hombre muy amable, sería para tranquilizarme, me comentó que hacía unos días, les pasó algo muy parecido a un matrimonio que estaba de visita por Madrid y que confundieron ese mismo tren con uno de Cercanias, para bajarse en La Puerta del Sol y al final tambien llegaron a Albacete. El problema de aquella pareja que me contaba el hombre del uniforme azul, era que cuando llegarían a ese destino inesperado, ellos tenía que estar en Barajas para subir al avión que les llevaba a su ciudad.
El interventor me pidió que me fuera con mi madre. Sí recibía alguna noticia iba donde estaba y me lo comunicaba. Perplejo y sin creer lo que me estaba pasando, fuí para allá y le dije ya de cachondeo a mi madre, que la siguiente parada era en la ciudad manchega y mi madre no pudo más y se empezó a reir.
Dos horas de trayecto separa Madrid de Albacete. Mientras llegaba, iba mandando mensajes con el móvil para contar mi secuestro legal que estaba sufriendo. La graciosilla de mi hermana, en el mensaje que me contestó ponía eso, Albacete caga y vete. Por los altavoces del tren dijeron que nos estabamos acercando a mi destino. Le di un beso a mi madre y la pobre me dió una aguja de pisto que se compró para medía mañana. Pero que buena y maja es... y me despedí de ella hasta el día de mi cumpleaños.
Cuarenta y cinco minutos despues de llegar a Albacete, salía el otro tren que me llevaría a mi Madrid.
Tengo que agradecer a todo el personal de Renfe, los cual me trataron muy humanamente y sobre todo, porque no me pidieron que pagase ningún billete ni sanción por mi gran despiste.
Llegué a Madrid a la 15.30, con media hora de retraso y con la sensación de haber perdido toda una mañana, que tenía super ocupada. Mientras hice unas fotos con el movil, que son las que veis en todo el contenido de éste post.
Ya sabeis, cuando subais al tren, no espereis un pitidito, notificando la salida del tren.
Con las manos vacías no volví, ya que una azafata muy amable me regaló estos auriculares.







sinfonia-urbana dijo
jejejej bueno ! fue una mini aventura extra ! para un día diferente ! y bueno si es gracioso ahora en el momento pues si un poco de malestar "supongo" bueno ! esperemos que no suceda de nuevo besitos patty heteroflexible.
buenas fotos jejeje y mas donde se ve tu reflejo ! chao ;)
buena semana ;)
21 Agosto 2010 | 07:22 AM