Paseando por la Medina de Tétouan
Salimos del hotel Tarik en Tánger, cogimos un taxi hasta la estación de buses para ir a Tétouan. Hay una distancia de unos 50km. siendo el precio del billete de 1,50€ aproximadamente. Lo que no me olvidaré, es de aquel hombre de unos treinta y tantos años, el cual se tiró más de medio trayecto escuchando en su móvil a toda pastilla, rezos en árabe. Me tenía loco, casi me da algo.
Buscámos alojamiento y encontrámos una habitación con baño, con tres camas, una de ellas de matrimonio por sólo 15€. Bastante limpia, que era nuestros dos requisitos. Una vez dejamos todo, salímos a dar una vuelta por esta preciosa ciudad.
Aquí podeis ver parte de la plaza de Hasam II, toda ella llena de banderas.
Una vez en la plaza, nos metimos en ese enjabre de calles que pertenecen a la Medina, o ciudad antigua. Al pasear por allí podiamos ver puertas tan alucinantes como ésta.
Dicha Medina, fué declarada Patrimonio de la Humanidad. Impresiona la belleza de las callejuelas, ¿verdad?
Podíamos ver, cómo el centro antiguo de la ciudad, seguía a bajo rendimiento por culpa del Ramadán. Muy pocos comercios estaban abiertos.
Nos encontramos a nuestro paso a Said, un hombre que trabajaba de camarero en Málaga y que andaba por su tierra de vacaciones, el cual nos llevó a uno de los pocos restaurantes que se encontraban abiertos por el día. Aquí me podeis ver, esperando hambriento la llegada de lo que pedimos.
Una vez terminada una copiosa comida típica de allí, Said nos siguió enseñando las callejuelas de allí y en esta foto podeis ver como estos niños, empiezan a hacer sus primeros pinitos en los negocios, vendiendo botellas de agua reutilazadas.
Abuelillas viendo pasar el tiempo.
Calles tan estrechas, que muy poca luz llegaban hasta ellas.
Los pocos negocios que estaban abiertos, empezaban a cerrar.
Edificios que pedían a gritos una remodelación. Ahí teneis a nuestro guía.
Aquí teneis una foto, del interior de una mezquita, una de las pocas que hice. No me atreví a hacer muchas porque desconocía sí se podía, pero Said me dijo que no había problemas sí la hacía desde el exterior.
Luego nos llevó a una tienda de alfombras, donde nos invitaron a subir a la azotea. Desde allí se veían estas vistas.
En ese momento ya estaba ocultandose el sol, nos sirvió para que el vendedor de alfombras no se pusiera muy pesado. Ya que le interesaba más cerrar la tienda e irse a comer, que estar regateando para que no le compráramos nada. Aqui podeis ver al hombre de este puesto, ya cenando.
Alguna calle se encontraba con galardones de fiesta.
Tambien la gente de los mercadillos del exterior de la Medina, hacían su parentesis para cenar.
En ese mismo mercadillo, se podían ver los distintos modelos de velos con estos particulares maniquies.
Uno de los puestos me llamó enormemente la atención. Ésta es la foto de dicho descubrimiento en ese mercadillo. Era un puesto, de cochecillos para niños de segunda mano, algo que nunca había visto, en el famoso Rastro de Madrid, el cual siempre se ha enorgullecido porque se vende de todo.
Seguimos dando un paseo, por los lugares menos turisticos de la ciudad.
Y por los lugares más bellos.
Incluso vimos ésta peluquería de hombres abierta, esperando la llegada de algún cliente. Y con ésta foto pongo punto y seguido a éste viaje por tierras marroquíes.







lilian fernandez dijo
Desde luego eres un narrador excepcional.
No conozco Marruecos y eso que lo tengo cerquita , pero leyendo tu narración y viendo tus fotografías, en cualquier momento me acerco
Besos guuuuuuuuapo
28 Septiembre 2010 | 10:27 AM